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quarta-feira, 15 de fevereiro de 2017

Adubo de farinha de pedras




Abono de harina de piedras (Pioneer, Julio 22, 1892)

“Pan de piedras: por cierto, las palabras de la Biblia conservan su verdad”.

Antes de esta ocasión he tenido la oportunidad de mostrar en el periódico Deutsche Addelsblat, que no es correcto darle al polvo de piedras el calificativo de “abono”, ya que este es superior a los así llamados abonos por el hecho de que restablece las condiciones naturales para el crecimiento de los cultivos, mientras que los abonos solo presentan una ayuda artificial y por tanto, son sólo una medida paliativa. El caso, entendiéndolo en su totalidad, es el siguiente: 

En un principio las plantas crecían en un suelo formado de la desintegración del material de las montañas sin ningún tipo de aditivo artificial. El ácido carbónico del aire combinado con los constituyentes básicos potasio, sodio, calcio, magnesio, hierro y manganeso, que se encontraban combinados en el material rocoso desintegrado con ácido silícico, aluminio, azufre, fósforo, cloro y flúor, y con la cooperación de la humedad, y la operación del calor y la luz solar, ocasionó la generación de tejido celular vegetal. Las sustancias gaseosas, ácido carbónico (dióxido de carbono), vapor de agua y el nitrógeno del aire adquieren la firme forma del tejido celular vegetal y de la proteína vegetal únicamente gracias a la estructura básica de potasio, sodio, calcio y magnesio, sin los cuales ninguna raíz, tallo, hoja o fruta se ha encontrado; ya sea que quememos las hojas de la haya, las raíces del bledo o del sauce, los granos del centeno, o ya sea madera, paja o lino, peras, cerezas o semillas de nabo, siempre queda un residuo de cenizas, las cuales en variadas proporciones consisten en potasio, sodio, calcio, magnesio, hierro, manganeso, ácido fosfórico, ácido sulfúrico, flúor y sílice. Con respecto al nitrógeno, que se forma con el vapor del agua en presencia del hierro – el cual se encuentra presente en todo los suelos, – se transforma de acuerdo a la formula:

 N2 H6 O3 Fe2 = N2 H6 Fe2 O3 (todo óxido de hierro que se forma con el rocío de la noche a partir del hierro metálico Fe2O3, contiene amoniaco, como lo demostró Eilard Mitscherlich). La solidificación del tejido celular a partir del ácido carbónico y el agua podrán entenderse mejor al ser comparadas con el proceso de formación de jabón sólido, al combinar el aceite con sodio, potasio, calcio o cualquier otra sustancia básica, por ejemplo óxido de plomo, mercurio o hierro. El amoniaco también forma jabón junto con el aceite oxidado y el ácido oleico. Difícilmente podemos encontrar una mejor comparación para explicar la solidificación de los vapores atmosféricos (ácido carbónico, agua, nitrógeno y oxígeno) en combinación con las sustancias terrestres o en reemplazo de estas últimas por amoniaco y sustancia vegetal, como la encontramos por un lado en este proceso de la formación de jabón, y por el otro, en las sustancias del aceite que es la base del jabón. La producción de la sustancia del aceite consiste en que las sustancias combustibles (hidrocarburos) se generan a partir de sustancias ya consumidas (ácido carbónico y agua), y esto caracteriza el aspecto principal de la naturaleza universal vegetativa de las plantas. Una vela de estearina encendida se transforma en ácido carbónico en estado gaseoso y vapor de agua, pero esos productos aeriformes, en combinación con las tierras, nuevamente son transformados en madera combustible, azúcar, almidón y aceite, gracias a la acción del suelo. En cualquier lugar en donde entre nueva tierra en actividad, como al pie de las montañas, puede encontrarse un vigoroso crecimiento de plantas, especialmente cuando el ácido carbónico en abundancia se adhiere a las rocas como sucede en las regiones de Jura. La carretera entre Basilea y Biel es muy instructiva con respecto a esto. Por el contrario, se ha visto, en regiones muy densamente pobladas como por ejemplo en China y Japón, después de haber cultivado durante varios miles de años, la tierra, agotada de los materiales que forman las células, se vuelve renuente a producir tantas plantas nutritivas como las necesitadas por el hombre y los animales para su sustento; sin embargo, como se ha visto que el alimento que ha sido consumido, mientras no sea usado en la formación de fluido linfático y sangre, estando por tanto de más, deja el cuerpo a través del canal digestivo aunque químicamente desintegrado y putrefacto, produciendo nueva vegetación cuando es llevado a los campos y mezclado con la tierra. En China recolectan con gran esmero no sólo cualquier cosa que haya pasado por el canal intestinal; también el producto de las sustancias corporales que han sido quemadas por la respiración, que es eliminado en la secreción de los riñones y que también genera nuevas formaciones. El alimento, el vestido y el refugio son los requerimientos fundamentales que demanda cualquier persona sobre la tierra, y éstos son adquiridos por cada uno que tenga miembros sanos. En los músculos de nuestros brazos poseemos la magia de las hadas que nos permite decir: “¡que se ponga la mesa!”, pues el trabajo siempre halla su recompensa. Por supuesto, si las personas son lo bastante tontas para dejar los lugares en donde los músculos de sus brazos tienen una demanda y son remunerados; si abandonan la fuente de todas las riquezas sobre la tierra: la agricultura, y se van a donde sus brazos no tienen ningún valor, porque muchos otros que ya están empleados están esperando por un trabajo, entonces la angustia, la falta de alimento, de vestido y de refugio le deberán dar la oportunidad de reconsiderar y regresar, volviendo a una vida en el campo, el cual es continuamente abandonado por sus habitantes.

Una de dos. Ya sea que se reponga el campo con nuevo suelo en estado virgen, o que se restablezcan los nutrientes consumidos en él. En donde lo segundo no se realizó, como es el caso de las primeras colonias europeos en América, los cultivos decayeron y los colonos fueron trasladándose del Este al Oeste, con el fin de cultivar suficientes cereales en aquel suelo hasta entonces virgen, para exportarlos a Europa. Ahora ellos se han dado cuenta en América que no pueden continuar de esa manera, puesto que no quedan tierras sin propietarios a las cuales ellos puedan emigrar libremente. 

Sin embargo, ¿cuáles son nuestras circunstancias en Alemania con respecto a ésto? Después de que el suelo no produjera más a pesar de un arado profundo, el círculo instituido en China fue también puesto en práctica; ellos se dieron cuenta que el estiércol sólido y líquido de los animales domésticos al ser puesto sobre el campo producía un nuevo crecimiento y comenzó a ser valorado. Con la ayuda de él, los campos se conservaron fértiles, a pesar de que esto fue una mera ilusión. Esta práctica se familiarizó entre nosotros por varios siglos, tanto que en los tiempos de nuestros bisabuelos estaba de moda decir: “donde no haya estiércol, nada crecerá”. Así, con el tiempo, lo que era sólo un decir, se ha convertido en la regla general. Como consecuencia de esta costumbre vino lo siguiente: con el fin de conseguir una gran cantidad de estiércol, se debe tener tanto ganado como sea posible. Con esto se pasó por alto que el ganado habría de requerir tanta tierra para su alimentación y que la tierra empleada de esta manera no podría usarse para cultivar granos, de tal forma que en una economía tal, el trabajo del campo se enfocaría para beneficio de los animales y no del hombre. Sin embargo, finalmente los cultivadores pensantes que llevaban bien sus cuentas tuvieron que llegar a la conclusión de que la cría de ganado sólo era rentable en las regiones montañosas o en regiones como los pastizales de Holstein, los cuales siempre están fértiles debido al continuo arrastre de nutrientes provenientes de las rocas de Geest. 

Sólo puedo concluir a partir de ésto: Como dije anteriormente, el estiércol había sido reconocido como el multiplicador de la fertilidad y era considerado como la condición natural “sine qua non” para el crecimiento de los cultivos, a pesar de que ésto no estaba basado en el Orden natural, sino que era un artificio. Una vez establecida la regla de que lo artificial fuese normal, no debe sorprendernos que cuando el estiércol de establo ya no era suficiente, algunas personas recomendaron abonos artificiales. Como estas personas se daban ínfulas de sabios, los propietarios de grandes extensiones cayeron en su red –aún más que los simples campesinos– y junto con ellos, la producción agrícola en las regiones planas finalmente tuvo que ser cerrada por un tiempo.
Fácilmente, se puede observar que ni los bueyes ni las vacas, sin importar qué tan alto fuera su costo, exigían salario alguno por producir su estiércol. Sucedía diferente con los químicos y los comerciantes en abono artificial. A ellos no les bastaba con obtener su propio alimento, sino que también deseaban, a partir de las ganancias producidas por sus negocios, educar a sus hijos, construir sus almacenes, pagar sus agentes de viajes e incrementar su capital. Este negocio, como todos aquellos que cubren las necesidades fue tan lucrativo que una de las más grandes empresas comercializadoras en abonos artificiales en poco tiempo había hecho millones, los cuales habían sido pagados por los campesinos quienes no recibían su equivalente, pues a pesar del empleo más enérgico de abonos artificiales, los cultivos decayeron progresivamente. 

¿Cómo podría ser de otra forma? Las plantas necesitan manganeso, azufre, fósforo y flúor, y en los fertilizantes artificiales solo recibían un potasio costoso, ácido fosfórico y nitrógeno como nutrientes (NPK). 

Las consecuencias se hicieron ver primero que todo en las frecuentes bancarrotas de los agricultores. Además de ésto, los fertilizantes nitrogenados en la forma de salitre de Chile, habían causado una predominancia de enfermedades en el ganado: que hayan sido encontrados liebres y venados muertos en diversos sitios que habían sido fertilizados con salitre de Chile, lo leí por lo menos en veinte periódicos y también me fue contado por testigos presenciales. Así como sucedió en campo abierto, también se dio en los establos. Y es que ninguna sustancia del cuerpo animal puede formarse a partir de forraje abonado con nitrógeno, especialmente, ninguna leche entera iguala la de aquellas vacas que se alimentan con hierbas de las montañas.

No necesita ser calculado cuán grande ha sido el daño para la salud en hombres y animales provocado por estiércol de establo. La leche producida a partir de plantas con contenido amoniacal, despejó el camino por el cual se precipitó el espíritu destructivo de la difteria, que junto al sarampión, la escarlatina, la escrófula, la neumonía, etc., se volvieron presencias normales en los alemanes quienes antes eran fuertes como osos. 

El abono artificial finalmente se llevó la corona en esta ola de destrucción. ¿Cómo pudo pasar ésto? Muy simple. Liebig, que fue el primer químico agrícola, encontró que las cenizas que quedaban de los granos consistían principalmente en fosfato de potasio. A partir de esto concluyó que el fosfato de potasio debía ser devuelto a la tierra; ésta apreciación no fue lo suficientemente profunda. Liebig había olvidado tomar en cuenta la paja, en la cual solo se encuentran pequeñas cantidades de ácido fosfórico, que durante el proceso de maduración pasa del tallo a los granos. Si él hubiera calculado no solamente el contenido en las semillas, sino también el de las raíces y los tallos, habría encontrado lo que hoy en día sabemos: que en todas las plantas hay tanto calcio y magnesio como potasio y sodio, y que el ácido fosfórico sólo equivale a la décima parte de la suma de estos constituyentes básicos. Desafortunadamente Liebig también opinaba que el potasio y el ácido fosfórico como tales, también deben ser restaurados al suelo, mientras que cualquier otra persona habría concluido que en reemplazo del gastado suelo, debemos suministrar nuevo suelo en el cual nada haya crecido. Este suelo de fuerza primitiva lo podemos conseguir al pulverizar rocas, en las cuales se encuentren combinados potasio, sodio, magnesio, manganeso y hierro con sílice, aluminio, ácido fosfórico, flúor y azufre. Entre éstas sustancias, el flúor, que se encuentra en todos los minerales de mica, fue descuidado por Liebig y por todos sus seguidores y nunca fue incorporado en ningún abono artificial. Sin embargo, hemos sabido por investigaciones recientes que el flúor se encuentra regularmente en la clara y yema de los huevos y debemos reconocer que es algo esencial para el organismo. 

Las gallinas toman este flúor junto con otros minerales cuando al picotear, recogen pequeñas partículas de granito; cuando éste se les niega, como sucede en los gallineros de madera, fácilmente sucumben a enfermedades como cólera y difteria. Nosotros los hombres no somos tan afortunados como las aves, pues la sopa que nos tomamos ha sido preparada por los comerciantes en abonos artificiales. Como ellos no venden flúor, nuestros cereales carecen de él, y debido a que ninguna sustancia ósea normal puede formarse correctamente sin flúor, con la misma velocidad con que se ha incrementado el número de comerciantes en fertilizantes, también ha aumentado el ejército de dentistas y las instituciones ortopédicas; sin embargo estas últimas no han sido capaces de arreglar la curvatura en la espina dorsal de nuestros hijos. El esmalte de los dientes necesita flúor, la proteína y la yema de los huevos requieren flúor, los huesos de la columna vertebral requieren flúor y la pupila del ojo también necesita de flúor. No es por accidente que la homeopatía cura numerosos males de los ojos usando fluoruro de calcio.

Qué ricos, fuertes y saludables seríamos los alemanes si hiciéramos de nuestras montañas colaboradoras activas en la producción de nuevos suelos a partir de los que puedan formarse nuevos y completos cereales. Entonces no necesitaremos enviar nuestros ahorros a Rusia, Hungría o América; sino que haremos nuestro camino por la vida gracias a la fuerza de nuestros brazos y con coraje alemán, y mantendremos alejados a nuestros adversarios.
La meta de alimentar al hambriento y de prevenir numerosas enfermedades al restaurar la condición natural para el crecimiento completo de las plantas, me parece una de las más elevadas y nobles. Aún 6 quintales de polvo de piedras preparados a la manera prusiana, equivalentes a 24 quintales por hectárea, proporcionarán suficiente alimento para una cosecha satisfactoria, si esta cantidad es provista cada año. 

De usarse más, la producción aumentará conforme a la cantidad empleada. Concluyo estas notas, que fueron presentadas con el lema que adornó la exhibición de productos cultivados con polvo de piedras en Leipzig, reproduciendo también la segunda rima que también allí se introdujo y que así como el lema, lleva consigo la conciencia del abono mineral por parte de su autor.

Wir lieben die Kunst, sollten jedoch niemals den kiinstlichen Dünger akzeptieren.

“Amamos el arte, pero jamás debemos aceptar lo artificial del abono”

JULIUS HANSEL
Hermfdorf bajo el Kynast
 
 
 

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